Es una recreación imaginaria de cómo pudo haber sido la vida de William Shakespeare y todo lo que vivió para crear Hamlet. La historia se basa en que él vivía en una zona rural de Europa, en Inglaterra, donde conoció a una chica —no recuerdo su nombre— que después se convirtió en su esposa. Con ella tuvo tres hijos, de los cuales dos eran gemelos, cuates, y uno de ellos era Hamnet.
Su esposa tenía ciertas cualidades como de hierbera, algo así como una bruja, pero de “brujería blanca”, cosas que había aprendido de su mamá, es decir, la suegra de Shakespeare. En realidad, él pertenecía a un nivel social un poco más alto que ella, y por eso les costó trabajo casarse, porque ella llevaba una vida casi como de gitana, mientras que la familia de él era muy religiosa. Aun así, se casaron a pesar de todo.
En un momento, los hijos se enferman —no recuerdo exactamente de qué— y en esa ocasión la que estaba muy grave era la niña, la chavita, que prácticamente se iba a morir. Pero su hermano, el gemelo, se abrazó a ella y, como eran gemelos, le pidió a la muerte que por favor la perdonara a ella, que se confundiera y que, en lugar de llevársela a ella, se lo llevara a él. Extrañamente, quien muere es él.
Shakespeare queda devastado. Él siempre había luchado contra lo que la sociedad del pueblo esperaba de él: todos eran trabajadores del campo, hombres rudos, y él era tranquilo y quería ser poeta. Para cumplir ese deseo tenía que irse a Londres para poder vender sus obras, y de hecho vendió muchas.
Tiempo después, la familia se dio cuenta —ya viendo la obra de Hamlet— de que todo eso estaba dedicado a Hamnet, su hijo. Al ponerle Hamlet, se entiende que, mediante esa obra, él expresaba todo su dolor y sus sentimientos por haber perdido a su hijo de esa manera.