viernes, 31 de julio de 2026

El testigo - HBO: 10

Estoy empezando a verla y, por lo que entiendo, es una miniserie basada en hechos reales.

Trata de una mamá que fue asesinada en un parque. Su hijo lo vio todo y, de hecho, es el único testigo. Lo más extraño es que ocurrió en un lugar concurrido, pero como el parque es enorme, pasó en una zona que justo en ese momento estaba sola. Según muestran, en la escena estaban ellos tres: el asesino, la mamá y el niño.

La historia va alternando dos momentos con unos 10 años de diferencia: cuando él era niño y luego ya de adolescente. Se nota que el caso estuvo muy mal llevado por la policía: presionaban demasiado al niño y el papá, aunque no estaba del todo de acuerdo, lo terminaba permitiendo porque no sabía qué hacer.

Ya en la adolescencia, él lleva su vida bastante bien, pero sigue sin querer hablar del caso. Ahora lo están reabriendo y se ve que en el pasado él quedó muy decepcionado porque al primer sospechoso lo declararon inocente. Básicamente, la policía le tendió una trampa: lo presionaron para que “confesara” a través de una señora que se hizo pasar por alguien enferma con intenciones raras, y así pudo acercarse a él.

Son solo tres capítulos. En el último descubren quién es realmente el asesino y él lo acepta. De hecho, estaba en un psiquiátrico, asumió su condena, le pidió perdón al papá y en el juzgado dijo algo como que, por favor, le pidiera perdón a su hijo.

Entonces Alex (el chico que presenció todo) va con la psiquiatra Harper (no recuerdo su apellido) y le pregunta por qué lo hizo, porque le quedó esa duda: ya sabe quién fue, pero quería entender el motivo. Resulta que el asesino fue abusado por varias personas en el bosque cuando era niño y, al parecer, él mataba a mamás “felices”, mamás que cuidaban a sus hijos… como si fuera algo relacionado con lo que él nunca pudo tener.

Al final, las letras finales dicen que Alex y su papá (Andrés, creo) siguen juntos y viviendo en España. Todo esto sucedió en Inglaterra.

También mencionan que demandaron a la comisaría y a la alcaldía de ese lugar, porque al revisar expedientes (anónimos) descubrieron que este señor llevaba como 10 años matando gente. Hubo ocasiones en las que pudieron detenerlo y no lo hicieron por flojera o por no comprobar bien, y se cree que se pudieron evitar muchísimas muertes (hablan incluso de hasta 100). Hasta la propia mamá del asesino les llegó a decir algo una vez y tampoco le hicieron caso.

La demanda sigue abierta. En general, está muy buena.

Los no elegidos - HBO: 10

Rosy es una chica de unos 22 años que vive en un pueblito de Inglaterra, dentro de una comunidad cerrada y súper exclusiva: un grupo religioso llamado Los Seguidores de la Divinidad. Son de esas comunidades donde casi no entra nadie “de afuera”, y donde las reglas se llevan al extremo. Ella ni siquiera conoce la ciudad; sabe que existen los celulares, pero le han enseñado que son “cosas del diablo” y que no debe acercarse a eso.

Un día, durante una festividad, su hija se le pierde. Rosy entra en pánico y todo el mundo sale a buscarla. Al final la encuentran casi ahogándose… pero quien realmente la salva es un hombre que no pertenece a la comunidad. Aun así, el grupo termina adjudicándose el rescate.

Rosy está casada con un hombre tan ultrarreligioso como los demás. De hecho, en una reunión del culto, él denuncia a su propio hermano por tener un celular, y lo expulsan. Rosy no entiende cómo pudo traicionarlo, pero él lo justifica diciendo que era “lo correcto” porque el celular es del diablo. Encima, poco después lo nombran líder (justo por debajo del pastor principal).

El pastor general —Phillips— resulta ser un hipócrita total: predica pureza, pero es conocido por acosar a mujeres y por hacer justo lo que condena.

La historia se pone más intensa cuando el hombre que salvó a la niña aparece en casa de Rosy, justo cuando su esposo no está. Pide refugio porque, según él, la policía lo está buscando por algo que no hizo. Rosy, muerta de miedo, no quiere… pero algo en ella (entre gratitud y una atracción que no sabe explicar) la hace esconderlo en el granero.

Lo descubren, y Rosy intenta cubrirlo diciendo que creyó que él quería robar el auto. Al final, lo perdonan. De hecho, este hombre empieza a ganarse la confianza de todos: lo bautizan, se integra a la comunidad y termina convirtiéndose casi en la mano derecha del nuevo líder (el esposo de Rosy).

Con el tiempo salen cosas turbias: el líder es manipulable y tiene secretos (incluida una tensión sexual que el recién llegado usa para controlarlo). Y lo peor: Rosy va descubriendo que ese hombre no es “un tipo cualquiera”, sino alguien con un historial de asesinatos y manipulación.



Aun así, Rosy cae. Se involucra con él, intenta creerle, y hasta sueña con escapar y conocer el mundo fuera de la comunidad. Le pide que la lleve a la ciudad, que vayan a restaurantes, que empiecen una vida distinta… pero él no quiere irse. Ahí está protegido de la policía y, además, ya tiene poder.

Las cosas explotan: Phillips (el pastor) termina fuera del mando tras un desastre en el que muere alguien en un accidente de auto, y el asesino aprovecha para incriminarlo (Phillips estaba borracho y ni recuerda bien). A Phillips también le sacan más cosas: acoso, abusos y un montón de porquerías que su esposa, en el fondo, ya sabía.

Ya en modo thriller total: el asesino amenaza a la niña, mata al hermano, manipula a todos y la violencia sube de nivel. En algún punto lo capturan, pero la esposa de Rosy termina revelándole todo al esposo, con pruebas.

Rosy decide que ya no más: quiere irse con su hija. Intentan escapar y los persiguen. En una noche lluviosa, el esposo se enfrenta al asesino para darle tiempo a Rosy de huir.

En la parte donde te quedaste: Rosy es alcanzada dentro de la casa. La niña (Grey) está escondida entre unas rocas. El asesino intenta ahogarla, pero en el último segundo se frena, como si le pegara el remordimiento. Rosy aprovecha, se levanta, va por su hija y le suelta algo así como: “Si de verdad me amas, déjame ir con mi hija”.

Luego aparece el pastor actual con una pistola. El asesino intenta convencerlo: “mejor toma el celular, acuérdate del mandamiento ‘no matarás’, llama a la policía”. Pero cuando el pastor ve el celular, descubre el video que lo deja expuesto… y se derrumba.

Y la serie cierra con un giro: un año después, el gran líder de todos esos “borregos” termina siendo el delincuente.

El día de la revelación - Cinépolis: 9

La vi apenas anoche en Cinépolis: dura como dos horas y pico, y la verdad es que me sorprendió para bien.

Es una película muy bien hecha, con excelente producción. La historia es bastante básica, pero está bien contada. Se llama así porque, cuando por fin se descubre todo, una locutora de un canal de Kansas City anuncia: “Hoy va a ser el día de la revelación”.

Ahí es cuando dan a conocer que desde hace muchísimos años —desde la Segunda Guerra Mundial— se empezó a filmar la llegada de extraterrestres a la Tierra, y que Estados Unidos nunca lo había revelado. También se muestra cómo los maltrataban, y por eso esa “revelación” deja al planeta completamente pasmado.

¿Y cómo se llega a eso? Pues resulta que a dos personas, hace muchos años, les “inseminaron” (por decirlo así) ciertos conocimientos. Sin buscarlo, con el tiempo se fueron acercando hasta que se encontraron: una era locutora de radio del clima y el otro era agente de seguridad encargado de evitar que se robaran los datos… aunque al final él termina robándolos.

Él decide hacerlo porque siente que lo que están haciendo está mal: que están maltratando e incluso matando a los alienígenas. Como trae esa mezcla de conocimiento y sentimiento “implantados”, no puede evitar denunciarlo y sacar a la luz todas las cintas donde se ve cómo bajaban los extraterrestres.

Al final, ellos dos se encuentran y hacen que ocurra “el día de la revelación”. Tiene muy buenas escenas de acción. Y pues… eso es todo.

Cinépolis - La invitación: 10

 

Una pareja vive en un condominio. Él es un músico frustrado, medio “hijo de papi”, que se quedó con la casa y da clases de música, pero siente que su trabajo no vale mucho. Hace años que no toca en serio ni su órgano ni sus instrumentos. Ella, por su lado, pasa casi todo el tiempo en casa: estudió algo, pero por alguna razón no está trabajando.

Ellos se conocieron en un bar (eso lo vas descubriendo a lo largo de la película): ella estaba en una cita con otro, pero regresó, se toparon de nuevo… y ahí empezó todo.

Un día deciden invitar a sus vecinos, los del departamento de al lado (los separa literalmente una pared). La idea era conocerlos y, de paso, pedirles con toda la educación del mundo que bajaran el volumen… porque se oían muchísimo sus “ruidos sexuales”.

Pero aquí viene el giro: esos ruidos sí eran de ellos… pero no exactamente como uno se imagina. Resulta que formaban parte de una orgía que tenían ciertos días.

A partir de ahí, la reunión que empezó súper tensa—con nervios, hipocresías y mentiritas “sociales”—se va soltando. Cuando tocan el tema del sexo, todos empiezan a abrirse y poco a poco salen confesiones: cosas que les molestan de su pareja, inseguridades, dinámicas de poder… incluso los vecinos, que parecían súper abiertos y “sin rollos”, también traían sus propios problemas (uno imponiéndose al otro, etc.).

Y entonces sueltan la bomba: en realidad fueron porque les atraen. La esposa sabía que el vecino (interpretado por Edward Norton) la miraba desde la ventana, incluso cuando ella salía del baño; y a la vez, cada vez que se cruzaban en el elevador, Penélope Cruz notaba que él se le quedaba viendo el pecho. Total: entre “sabemos que ustedes son sexys” y “nos interesa”, les proponen ir más allá… y probar un intercambio de parejas (pero “de verdad”, no algo raro o forzado).

De ahí salen escenas bien hilarantes. Se ponen de acuerdo, intentan empezar… pero en pleno show a él le da un dolor de espalda que detiene toda la operación. Mientras tanto, en la cocina, ella está en una situación bastante intensa con Edward Norton, y eso termina detonando el gran detalle: la pareja “tranquila” llevaba más de un año sin tener sexo.

Con eso, se destapan muchísimas cosas íntimas y un montón de verdades que ya traían atoradas. Al final, los vecinos se van decepcionados porque no pudieron concretar nada con ellos.

Y la película cierra precioso: los dos se quedan juntos, él agarra el piano, empieza a tocar, ella se acerca… y se siente que, después de confesarse todo, se perdonaron y se reencontraron.

De verdad es una película completísima: muy buena, con música estupenda, y un guion que se siente listo para teatro. Te trae entre risas, sorpresas, angustia y drama de un momento a otro; es hilarante, triste y sorprendente a la vez.



Tenemos que hablar de Kevin - Amazon: 10

 
La vi en Amazon Prime.

La presentan de una forma súper caótica y desordenada, con muchos tonos rojos (que pueden recordar a sangre), pero también como a una especie de “festividad” con tomates. Aun así, entiendo que la intención era que quienes la viéramos sintiéramos una visión parecida a la de ella: confusa, intensa y difícil de procesar.

Según lo que vi, ella empezó organizando archivos y luego llegó a ser una gran ejecutiva. Creo que también era escritora o terapeuta (algo por ahí, medio irónico por cómo termina la historia). Después tuvieron a su primer hijo, Kevin.

Desde muy pequeño, yo sentí que Kevin tenía algo serio: un comportamiento tipo sociopático o, al menos, un problema fuerte a nivel emocional/neurológico. No conectaba con la gente, rechazaba a su mamá y no obedecía. De hecho, desde que ya podía comunicarse, no quería hablar ni seguir instrucciones.

Lo que empeoró todo fue que el papá siempre lo solapó. Nunca lo llevaron con un especialista. El papá era muy tranquilo y hogareño; la mamá, muy trabajadora. Pero Kevin tenía actitudes de maltrato y contestaciones muy agresivas, y como “familia civilizada” lo iban dejando pasar y pasar. Cada vez que la mamá le decía al papá “oye, esto no está bien”, él lo minimizaba: “así son los niños”, “así son los adolescentes”, etc.

Luego tuvieron una hija, y ella también fue maltratada por Kevin. Con el tiempo, las cosas se pusieron más graves: Kevin le dañó un ojo a su hermanita con una flecha; también se sospechaba que mató el conejo de la niña; y casi era un hecho que puso veneno en las tuberías del agua. Lo peor es que él siempre respondía con un cinismo impresionante, como si nada.

En una parte, compra un montón de candados para bicicleta (como 20). Le preguntan para qué, si ni bicicleta tenía, y él dice muy tranquilo que era para revenderlos.

Por lo que entendí, había un evento deportivo en la escuela un domingo. El viernes la mamá le propone salir a pasear el domingo y Kevin le dice que va a estar ocupado. Pero para ese momento él ya había escuchado a sus papás hablar de que “ya era hora” de sacarlo de la casa y meterlo en un lugar donde lo vigilaran, porque era peligroso para ellos y para su hermana.

Y entonces pasa lo terrible: él ya era muy hábil con el arco y la flecha. La mamá estaba en el trabajo cuando la llaman: algo estaba pasando en la escuela. Ella se va corriendo preocupada por él… y cuando llega, se da cuenta de que el responsable era Kevin. Sale orgulloso, con las manos arriba.

¿Qué hizo? Primero mató a su hermanita y a su papá. Luego se fue a la escuela, puso candado a las salidas, subió al segundo piso y desde ahí empezó a disparar flechas. No mató a más personas, supongo, porque se le acabaron las flechas.

Al final, la película te deja pensando en lo importante que es atender a tiempo las señales y buscar ayuda antes de que algo así crezca y explote. Siento que eso fue lo que faltó: cuando por fin iban a actuar, ya era demasiado tarde.

Pedro Páramo - Juan Rulfo: 9


Bueno, esto es un clásico: ya han hecho esta película antes, y apenas la estoy escuchando. Voy justo en esa parte “típica” donde el protagonista va camino a un lugar (Comala; hasta Sabina lo menciona en sus letras).

Total, llega un arriero/caminante y le pregunta si sabe cómo llegar a tal lugar. Se le pega en el camino y, entre charla y charla, le suelta: “Yo también soy hijo de Pedro Páramo”. Y el otro: “¿Cómo? ¿Tú también vas a ver a Pedro Páramo en Comala? Pues yo también soy su hijo… aunque, de hecho, casi todos en el pueblo lo somos”.

Cuando por fin llegan, Comala es un lugar solitario, como fantasmagórico. Y empiezan a pasar cosas raras: no “esotéricas” como tal, pero sí de fantasmas. Se aparece alguien, luego desaparece, aparece otra persona… y así.

Van saliendo varios personajes, incluido Abundio (el que lo acompaña al inicio del viaje). También están unas señoras que lo reciben y le dicen algo como: “Ya sabíamos que ibas a llegar”. Él se saca de onda y les dice que su mamá ya murió, y ellas: “Sí, sí… pero me avisó. Me dijo que llegabas hoy”. Incluso pareciera que ya tenían preparadas habitaciones (aunque todo esté vacío), como si lo estuvieran esperando.

Por lo que veo, la novela está armada con cambios de tiempo: de pronto se va a cuando Pedro Páramo era joven (cómo vivía con su abuelita y su mamá, cómo lo mandaban a hacer mandados, etc.) y luego regresa al “presente”. En una de esas, mencionan que Abundio (el que lo guió al pueblo) es sordo… y que está muerto. Y sí: el pueblo del que hablan es Comala.

Luego una persona le cuenta al hijo que Pedro Páramo estuvo “a nada” de ser su padre, por toda una historia con Dolores (su mamá) y un tal Osorio, medio brujo/lector de destinos. Osorio le dijo algo como que ese día no convenía porque “la luna estaba brava” y podía salir un embarazo. Dolores termina proponiendo que mejor se acueste con él (con el narrador), porque ella no iba a poder… y ahí se sugiere que, al final, un año después nació el hijo. También cuentan que Dolores odiaba a Pedro Páramo y un día le dijo que se quería ir con su hermana; él, como si nada: “Sí, vete con mucho gusto”. Y de ahí no supieron más… hasta que el hijo regresa.

También se habla de cómo Pedro Páramo se puso a trabajar para un tal Don Rogelio durante mucho tiempo (aunque no muy convencido). Edúviges le decía que ahí no iba a hacerse rico, pero sí iba a aprender.

Después, doña (D.) cuenta lo de Miguel Páramo: que siempre le avisaron que iba a morir por culpa de un caballo loquísimo. Un día el caballo pasa corriendo solo; ella sale y habla con Miguel… pero ya estaba muerto. O sea, habló con él después de muerto.

Más adelante describen un funeral/ceremonia en la iglesia y cómo el sacerdote no quería “encargarlo a Dios” porque decía que era una mala persona y no merecía perdón. Hasta que le dan monedas de oro (Pedro Páramo), y entonces el sacerdote cambia el discurso: que “tiene cómo pagar el perdón”… aunque él mismo dice que no lo perdona.

En otra escena, están comiendo y preguntan a una chica (Anita) si fue Miguel Páramo quien la violó. Ella dice que no está segura… pero “porque él me dijo: ‘soy Miguel Páramo’”.

También se detienen un buen rato en hablar de María (la que tuvo muchos hijos) y del padre Rentería (o “Rapiña”, como le dicen por ahí), y de que ella fue muy buena, pero él no pudo ayudarla. Ella se suicidó.

Luego resulta que quien atendió al protagonista fue Edúviges… pero Edúviges llevaba mucho tiempo muerta. Y se escuchan unos lamentos horribles. Le explican que en ese cuarto asesinaron a Toribio Aldrete, y por eso se oyen esos ruidos. Edúviges empieza a contar cómo pasó lo de Toribio.

Ahí entra Fulgor, el abogado/hombre de confianza de los Páramo (primero de Lucas Páramo, el papá de Pedro). Lucas decía que Pedro era un flojo sin futuro. Fulgor le dice a Pedro que están mal de dinero y llenos de deudas (con los Guzmán, los Aldrete, etc.). Entonces Pedro arma el plan: que Dolores va a heredar, así que le pide a Fulgor que vaya con ella, le pida la mano “para mí”, y que se casen mancomunados. Dolores (bien ilusionada) dice que sí. También negocian con el sacerdote (diezmo, altar dañado, etc.) y lo compran para la boda. Todo para quedarse con los bienes de Dolores y “liquidar” la deuda.

Con Toribio Aldrete traen bronca por límites de terrenos. Toribio ya puso cercas, y Pedro le ordena a Fulgor que las tiren y que le digan que ahora hay “nuevos acuerdos” porque Don Lucas ya murió. Y si se pone pesado, lo van a acusar de usufructo/robo.

Después aparece la historia de dos hermanos que terminan siendo pareja (sexual). Dicen que “no había de otra”: había que poblar el pueblo porque ya solo quedaban ellos, y lo demás eran puras almas que salen por la noche. No quieren que se sepa… aunque, según ellos, tampoco hay nadie para contarlo. En ese contexto, llega alguien a esconderse y cuentan que también aparece una viejita muy vieja y flaca.

Luego parece que rescatan de una plaza el cuerpo de Juan Preciado (el que vino a buscar a su papá). Pero la narración sugiere que, aun así, él “plática” con Dorotea; como si ambos estuvieran muertos. Dorotea le dice algo así como: “Ya déjate de miedos. Ponte a pensar cosas agradables, porque vamos a pasar mucho tiempo aquí enterrados”.

El libro va alternando: Juan Preciado y Dorotea están enterrados en la misma tumba y conversan sobre lo que pasó, mientras arriba se oyen cosas (vasos, lluvia). También se menciona cómo la gente seguía instrucciones de Don Fulgor (capataz/hombre fuerte), y la desconfianza que tenían de Pedro Páramo.

Luego cuentan cómo Pedro Páramo recibió la muerte de Miguel: hasta les decía a las lloronas que no lloraran tanto, que si fueran sus muertos llorarían menos. No hizo escándalo; solo pidió que mataran al caballo que tiró a Miguel, como si el animal también “pagara” y sufriera.

El padre Rentería reflexiona: se siente culpable por haber dejado que Pedro Páramo creciera con tanto poder en Comala. Muchas muchachas le contaban que Pedro se metía con ellas, y Dorotea incluso le dice que ella le conseguía chicas a Miguel Páramo (les avisaba cuando estaban solas, las citaba, las llevaba). Rentería se siente indigno; lo habla con su superior, y ni así se siente perdonado. Al final, se cansa y le dice a la gente que al día siguiente pueden comulgar: que “se les perdonan los pecados”.

Siguen en la tumba: Juan dice que tuvo un sueño donde otras personas le hablaban, y Dorotea le aclara que no es sueño: son las tumbas de al lado; con la humedad y lo viejas que están, “se levantan y empiezan a hablar”. Le dicen que quien se quejaba era la mamá de Lucas Páramo, que murió (creo) de tifo, y nadie quiso ir a su funeral.

Después se empieza a hilar lo de Susana (la esposa de Pedro Páramo): él decía que era la mujer más hermosa del mundo y que la perdió. Le encargó a Fulgor que la buscara. Luego le avisan que regresó Don Bartolomé San Juan con su hija Susana. Pedro siempre estuvo enamorado de ella, y Don Bartolomé no lo supo sino hasta tarde (y, si lo hubiera sabido antes, lo habría frenado, porque veía a Pedro como lo peor: infiel, asesino, etc.).

Cuentan que desde que Pedro perdió a su esposa y a su papá, empezó a matar a diestra y siniestra a quien sospechaba de algo, quedándose cada vez más solo, casi como un fantasma.

Hay una parte donde me confundo entre Don Lucas y Don Pedro, pero Fulgor le pide que “adopten” (o se queden con) Susana, y sugiere que el papá de ella debe desaparecer o irse lejos (a trabajar a minas), pero que no se la lleve.

Justina Díaz (la nana de Susana) aparece en un ambiente bien oscuro/penumbroso. Ella llega a ayudar, pero a la vez como que quiere a Susana y no la quiere; la intenta correr, pero sabe que no debe irse. Justina le avisa que murió Bartolomé. Yo sospecho que no murió “natural”, sino que lo mandaron matar (por órdenes de Pedro, vía Fulgor) para que Susana quedara huérfana y pudieran controlarla.

Susana también recuerda una escena de niña: su papá la baja con un columpio a un hueco de mina y le dice “más abajo, más abajo… ¿qué ves?”. Ella ve un esqueleto, casi polvo. Su papá buscaba dinero, pero solo encontraron restos.

Luego el tartamudo va a avisarle a Don Pedro Páramo que mataron a Fulgor unos revolucionarios que están reclamando tierras (incluidas las de Pedro). Pedro se preocupa, pero no deja de pensar en Susana y no entiende por qué ella no se siente “halagada” por él, si él dice que solo piensa en ella.

Siguen escenas: revolucionarios llegan a la casa de Pedro, se sientan a comer, le piden dinero. Pedro se los ofrece y les dice que pasen en una semana; al final les da el triple y hasta ofrece 300 hombres (el dinero ya no lo quiere de vuelta, pero los hombres sí).

Gerardo (otro asistente) se va a despedir esperando finiquito, pero Pedro no le dice nada hasta que Gerardo vuelve, apenado, a pedir dinero “para los viajes”. Le dan mil pesos y con eso se conforma.

Luego Gerardo regresa diciendo que ya se gastó el dinero de los revolucionarios. Pedro le insinúa que asalte un pueblo (hasta le da el nombre). Gerardo dice que no es correcto, pero termina con: “Oiga, siempre que vengo salgo con nuevas ideas”.

Describen cómo Susana está enferma, con miedo a la oscuridad, siempre acostada. Tuvo relaciones con Pedro, pero nunca se levanta: se queda escondida. Justina dice que no le dan el sacramento porque está “muy sucia” y que el padre Rentería no le quiere dar ni confesión ni comunión.

Luego muestran la agonía de Susana; no queda clarísimo de qué muere. El padre Rentería quiere absolverla, pero ella no quiere. Justina la asiste. Muere y están en los funerales.

Al final, se cuenta que se muere la esposa de Abundio (Refugio Cuquita). Abundio va a pedir ayuda y se pone a tomar para “que se le pase rápido la pena”. Medio borracho, se desvía y llega a la casa de Pedro Páramo, ya viejo, sentado afuera. Abundio le suplica ayuda, pero Pedro no le hace caso. Damiana, la ayudante, grita, le pone crucifijos y le dice que se aleje; Abundio no entiende nada.

Llegan unas personas, lo apresan y le quitan un cuchillo ensangrentado que traía en la mano. Abundio de verdad no sabe qué pasó. Y Pedro Páramo se queda ahí, en la puerta, esperando la muerte: se levanta y se va desmoronando como piedras… hasta convertirse en piedra.

Joan Brady - Te amo no me llames: 10


Yeri Devlyn es la protagonista y quien nos cuenta la historia en primera persona. Es una chica, hija de padres muy católicos de un pueblito de Nueva Jersey, que creció con mucha presión: tanto su mamá como su papá insistían en que “lo normal” era casarse y tener hijos.

Con los años, Yeri ve cómo su mamá, que era más sumisa, se va volviendo una mujer súper enérgica, y cómo su papá —un exmilitar de carácter fuerte— empieza a cambiar por una enfermedad que le hace perder la memoria, volviéndose más olvidadizo y dependiente.

Aunque nunca se corta del todo, desde sus 20 Yeri se distancia un poco de su familia (hubo roces, pero siguen en contacto). Se va a vivir y trabajar como mesera en un bar, y se queda en los cuartos de arriba.

Ahí entra Abi, su amiga, que le mete la idea de que en ese lugar hay gente que ha “hecho lana”, se ha acomodado, hasta ha logrado casarse. Yeri se deja llevar por esa esperanza y conoce a Jake Fletcher. Con Jake lleva cinco años, pero él ya la ha dejado plantada dos veces cuando hablan de boda (una vez, según ella, literalmente en el altar). Aun así, Yeri sabe que tiene una manera bastante mala de manejar las cosas y de presionar a la gente con el tema del matrimonio.

En paralelo, la novela toma un aire tipo “Cenicienta” porque Yeri estudió en una escuela de monjas y lo suyo siempre fue la música. En el fondo, sueña con ser compositora: escribe canciones y a veces las deja por ahí, como olvidadas.

El libro está narrado con una prosa tranquila y bonita, y maneja muy bien los tiempos: es claro, fluye, y aunque parece que ya podría terminar varias veces, sigue avanzando de manera que suma (para bien).

Una noche se le junta todo:

  • Jake vuelve a dejarla mal.

  • Su papá, en uno de sus episodios de olvido, provoca un incendio en la casa intentando matar a un bicho.

  • Abi le confiesa que está devastada porque le dijeron que está entrando en la menopausia y que quizá ya no podrá embarazarse.

  • Y además Abi —que siempre soñó con ser mamá— ha pasado por pérdidas y embarazos ectópicos.

En medio de ese caos, llega una banda al bar y toca una canción. Yeri se queda helada porque reconoce que es suya (algo como “el maldito día en que te conocí”). Entonces alguien se le acerca y le ofrece comprarle los derechos por $3,000.

Ahí aparece el barman que siempre la acompaña (al que le dicen algo como “garganta de embudo”) y le dice que no acepte así nomás, que él puede ayudarla. Resulta que años atrás él fue manager y colocó a varios artistas, así que Yeri decide confiar. Al final, la canción termina amarrada por $100,000, con contratos y hasta 60 centavos cada vez que suena en la radio. De la noche a la mañana, Yeri se vuelve millonaria.

Mientras tanto, Jake sigue apareciendo, llevándola a la cama, y ella se va resignando a la idea de que él nunca va a madurar lo suficiente para casarse.

Hacia el final, todo cambia: viajan a Los Ángeles para una entrevista; ya hay limusina, guaruras, y van con su mánager (el barman), además de Abi. En el aeropuerto se topan con Jake, quien le dice algo como: “¿y si empezamos de nuevo?”. Yeri está a punto de caer otra vez… pero la novela termina con ella eligiendo seguir adelante y subirse al avión.