jueves, 4 de agosto de 2011

Chivas 4 - Barza 1 !!

La sonrisa no se borrará en mucho tiempo del rostro de Marco Fabián. Chivas mostró contundencia, y logró lo que pocos esperaban: vencer al Barcelona por una goleada que dará la vuelta al mundo.

Los cuatro goles de Chivas no sólo hicieron ver mal al Barça, sino que lo humillaron. El mejor equipo del mundo sólo apareció durante muy poco tramo del encuentro; no metió las manos, el 4-1 final evidenció la superioridad del Rebaño.

Video: Cortesía ESPN Deportes/Youtube

El rostro de Pep Guardiola contrastó con las sonrisas de felicidad de los jóvenes de Chivas en el festejo del cuarto gol, cuando José Luis Verduzco corrió a celebrarlo con los compañeros de la banca.

Chivas logró lo que pocos, muy pocos en el mundo han conseguido: arrodillar al equipo más poderoso del orbe.

Si bien es cierto que se trató de un amistoso, Chivas se pondrá en la vitrina internacional por muchos aspectos: acumuló en el haber del Barcelona dos derrotas de forma consecutiva en su pretemporada, además de que, la goleada, por sí sola, ya evidencia carencias en un equipo que no conocía el significado de ese término.

El primer tiempo era prometedor de un gran partido, pero nunca con un resultado como el que marcó la pantalla gigante del Estadio Sun Life de Miami. Guadalajara fue atrevido y por poco se puso al frente desde los primeros minutos del partido, luego de una opción que Omar Arellano casi convierte, pero que Eric Abidal salvó sobre la raya de gol.

De inmediato, Barcelona respondió. Gerard Piqué mandó un largo trazo desde mitad de cancha para David Villa, quien quedó habilitado por Miguel Ponce, el “Guaje” encaró a Michel y lo gambeteó sin problemas para poner al frente a los blaugranas, al 3.

Chivas generó dos opciones más con el que terminaría siendo la figura del encuentro, Marco Fabián, además de que Barcelona también dejó escapar sendas ocasiones frente a la meta de Luis Michel.

Josep Guardiola ordenó variantes desde temprano en el encuentro, dando así rotación a su plantel, abriendo la puerta a los jóvenes provenientes de La Masía y que, al final del día, terminarían por ser superados por el cuadro tapatío.

Esa superioridad comenzó a traducirse desde temprano, cuando al 59, Marco Fabián marcó el primero de los dos golazos que convirtió, una magistral ejecución. Carlos Fierro le dejó la pelota, de espaldas al arco, y luego sacó un misil de derecha, imposible para Manuel Pinto, emparejando los cartones.

Cuatro minutos después, en un contraataque, Omar Arellano por la derecha sirvió un cambio de juego que derivó en una media tijera de Marco Fabián, excelsa definición que consagró a Marco como el jugador del partido.

Al 71, comenzó a consumarse la goleada. Giovani Casillas recibió un pase de Jesús “Chapo” Sánchez desde la derecha, el joven Sub 17, que se estrenó con gol en el primer equipo rojiblanco, le pegó mal en primera instancia, pero en la segunda ya no perdonó y marcó el tercero de la noche.

Ya en la agonía del encuentro, y con la derrota casi consumada, José Luis Verduzco marcó el cuarto gol, luego de un disparo del joven Casillas, que Verduzco desvió con el pecho y de espaldas al arco, para darle un rumbo definitivo a la goleada.

Con este resultado, Chivas finaliza su participación en el World Football Challenge, tras dos derrotas ante Real Madrid y Juventus, pero una valiosísima victoria frente al Barcelona, quien cerró su participación con dos derrotas consecutivas frente al Manchester United y Chivas.

sábado, 30 de julio de 2011

Todas las almas - Javier Marías.

"Cuando uno está habituado a una sola boca

desde hace tiempo, las otras bocas parecen

incongruentes y presentan dificultades:

los dientes son demasiado grandes o

demasiado pequeños, los labios son avaros o en exceso

abundantes, la lengua se mueve a destiempo o permanece

yerta, como si no fuera músculo sino carne y hueso; el

olor de las zonas más olorosas (ingles, sexo, axilas) es desconcertante,

como lo es la descompensada intensidad del

abrazo, el tacto anestésico de las pieles, el áspero sudor de

los muslos (que se debe quizá al escrúpulo), los volúmenes

mal acoplados, los desconocidos colores que alteran

la luz del cuarto, el tamaño y la humedad del agujero.

Las manos no comprenden la medida distinta de unos

pechos que tal vez rebosan las propias manos o parecen

sustraerse a ellas, o que se endurecen con un pezón poco

liso, que casi raspa cuando se lo lame. El cuerpo nuevo

no es manejable (ningún cuerpo nuevo es manejable), y

siempre hay una reserva o una interrogación respecto al

orden y fuerza con que se debe besar sus diferentes partes,

o apretarlas, o mordisquearlas o investigarlas usando los

dedos, o respecto al efecto que hará en el otro pararse a

mirarlas, interrumpir el contacto y dedicarse a verlas con

detenimiento".

lunes, 25 de julio de 2011

Transformers Tres: 8.

Como siempre... 60% de ruidos de choque de metal, 30% de ruido de disparos y bombas, 1% de guión, 2% de historia (forzada) y 7% de mostrar a una chulada de cara, pero falta de carnita... sobre todo en las piernas.

Patético el inicio cuando entrelazan la llegada a la luna con los supuestos autobots... pero bueno, el supuesto es que en ese entonces escondieron tecnología para recuperar el mundo de los robots en este 2011. Claro, por supuesto, el héroe gringo siempre nos salva de la debacle mundial.

La calidad visual de efectos otra vez, muy buena.

sábado, 9 de julio de 2011

Matan al Maestro Cabral.

Guatemala, 9 Jul. (Notimex).- El cantante y compositor argentino Facundo Cabral fue asesinado hoy a tiros durante una emboscada perpetrada por varios desconocidos cuando se dirigía al aeropuerto internacional La Aurora, en el sur de la ciudad de Guatemala.

De acuerdo con informes de un vocero de la Policía Nacional Civil (PNC), Donald González, el trovador de 74 años, quien esta semana ofreció una serie de conciertos en este país, murió durante el ataque consumado al parecer por asaltantes.

Noticiarios de la televisión local indicaron que el auto en el que viajaba el célebre cantautor argentino presenta al menos 25 impactos de bala. El cuerpo del artista sigue en el lugar de los hechos, unas dos horas después de ocurrido el atentado.

Cabral viajaba en una camioneta Range Rover color blanco, que permanece afuera de la sede de la estación del Cuerpo de Bomberos Municipales (CBM) de la ciudad de Guatemala, lugar al que fue conducido el vehículo por el chofer en busca de auxilio.

Fuentes del CBM indicaron en emisoras capitalinas que los posibles autores del atentado habrían sido ubicados en un sector de la carretera a El Salvador, lo cual no ha sido confirmado por las autoridades.

Por las cámaras de vigilancia que hay en el sector se habría identificado a los vehículos de los autores del asesinato de Cabral, los cuales al parecer fueron ubicados en un punto de la carretera a El Salvador en la ciudad de Guatemala.

Personal de la estación del CBM indicaron al noticiario "NotiSiete" que escucharon los disparos y salieron a ver. Entonces encontraron la camioneta en la que viajaban Cabral, el chofer y el empresario guatemalteco que lo contrató; los dos últimos salvaron la vida.

El chofer y el empresario, cuya identidad no fue divulgada, fueron trasladados a un hospital, mientras que dos guardias de seguridad que viajaban en otra camioneta que custodiaba el vehículo de Cabral se encuentran retenidos como parte de las investigaciones.

Los testigos informaron que la camioneta del cantante fue atacada por pistoleros que iban a bordo de dos vehículos y que por lo rápido de la acción no pudieron intervenir los custodios.

El intérprete y compositor argentino se presentaba con cierta frecuencia en Guatemala, uno de los 165 países que Cabral visitó en sus giras artísticas cumplidas a lo largo de 42 años de carrera.

El atentado ocurrió la mañana de este sábado en un sector conocido como El Trébol, de la ciudad de Guatemala, un cruce de intenso tránsito vehicular, en el que convergen las avenidas Roosevelt -donde se ubica el hotel y centro comercial Tikal Futura-, Petapa, San Juan y Aguilar Batres.

miércoles, 29 de junio de 2011

Hemingway: el trauma que culminó en suicidio

Durante más de dos décadas Ernest Hemingway encarnó la imagen del escritor en los Estados Unidos, así como el símbolo del hombre rudo y temerario, hasta la mañana en que hace medio siglo decidió acabar con su vida, con un disparo que se oyó en todo el mundo. Un estudio psicológico ha revelado el trauma infantil provocado por su madre, a la que odiaba.

1

La escena se ha narrado muchas veces: poco antes de las siete de la mañana del domingo 2 de julio de 1961, Ernest Hemingway despierta en su casa de campo en Ketchum, Idaho, y se levanta. Se pone una bata que le gusta particularmente (la llama “la túnica del emperador”), sale de la habitación cuidando de no hacer ruido para no despertar a su esposa, Mary Welsh Hemingway, y va al cuarto donde guarda sus armas –había aprendido a disparar armas de fuego desde que era niño–. A los 62 años posee más de veinte, entre rifles, pistolas y escopetas. Elige una de éstas y baja al recibidor. Toma asiento y apoya la frente contra los cañones.
No quisiera uno saber lo que sigue, sino dejarlo allí, suspendido en esos segundos antes de que jale el gatillo. Cuando, con los ojos cerrados, como lo imagina Francisco Hernández en uno de sus estupendos poemas, mira que se acerca un león.

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Al difundirse la noticia (que ocupó las primeras planas de casi todos los diarios de Estados Unidos y de muchos periódicos en el resto del mundo), la versión prevaleciente era que la muerte de Hemingway había sido accidental. El arma se había disparado mientras el escritor la limpiaba. Eso fue lo que Mary Welsh declaró a Frank Hewitt, jefe de la policía local, quien fue el primero en acudir a la casa de la distinguida pareja. Por respeto y compasión otras autoridades también lo aceptaron. El resto de la familia acordó que así se manejara la tragedia.
Durante casi un año, Mary Welsh se negó a sí misma que su esposo se había dado muerte. Sólo pudo lograrlo a fuerza de terapia. Por esa negación, que impedía comprender los motivos de Hemingway (nunca se encontró una nota aclaratoria), su muerte parecía un jeroglífico. Sin embargo, algunos asumieron, desde el principio, que se trataba de un suicidio.
Gabriel García Márquez lo dijo en una nota escrita el mismo domingo 2, recién llegado a México, pero publicada el 9 de julio:
“…Hemingway no parecía pertenecer a la raza de los hombres que se suicidan. En sus cuentos y novelas, el suicidio era una cobardía, y sus personajes eran heroicos solamente en función de su temeridad y su valor físico.
“De todos modos, el enigma de su muerte es puramente circunstancial, porque esta vez las cosas ocurrieron al derecho: el escritor murió como el más corriente de sus personajes, y principalmente para su propios personajes…”
La información que poco a poco salió a la luz a través de la prensa acabó por despejar cualquier duda respecto de la naturaleza de la muerte del gran escritor. En 1964 familiares y editores reconocieron abiertamente lo que ya no se podía ocultar.
Se supo entonces que su salud se encontraba ya muy mermada; que sufría una depresión profunda y se había sometido a una terapia de electrochoques; que había tratado de suicidarse por lo menos dos veces antes.
Sus admiradores –entre los cuales sus lectores eran apenas una fracción, pues Hemingway no sólo era un escritor, sino también un deportista, un combatiente, bebedor y seductor empedernido, prototipo del macho triunfante, ícono de la cultura popular– se preguntaban, asombrados, porqué sufría tanto un hombre que había recibido todos los premios que podía cosechar en su oficio (incluido, por supuesto, el Nobel) y que gozaba de una inmensa admiración internacional.
Eso fue lo que John F. Kennedy subrayó al enterarse de que Hemingway había muerto: “Era uno de los grandes ciudadanos del mundo.”

3

Hemingway vivió siempre bajo la mirada pública. Ni siquiera muerto ha podido sustraerse de ella (lo prueban estas líneas). Pero era inevitable que tras su sorpresivo suicidio –y por la terrible forma en que escogió morir– su vida se viera abierta al escrutinio para responder las muchas dudas y preguntas que dejó planteadas. Uno de los indeseables costos de la fama.
De allí la abrumadora cantidad de biografías y estudios biográficos hechos desde los más diversos ángulos que, como señaló José Emilio Pacheco en “Hemingway vivo o muerto” (Proceso 1186) – en el memorable “Inventario” escrito a raíz del centenario natal de dicho escritor– no parecen dejar un “espacio de silencio para leer en calma y como se debe los libros de Hemingway.”
Entre esos estudios hay uno que resulta especialmente interesante: “Ernest Hemingway: A Psychological Autopsy of a Suicide”, publicado en el número 4 de la revista Psychiatry (correspondiente al invierno del 2006), por el doctor Christopher D. Martin, miembro del Departamento de Psiquiatría de la escuela de medicina de Baylor College en Houston, Texas.
Es un ensayo de 10 páginas que puede adquirirse a través de la red en PubMed.gov, sitio virtual de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. Pero también existe un comentario reciente a ese ensayo, igualmente asequible en línea, y gratuito, hecho por John Walsh, un periodista del diario inglés The Independent, que glosa la sustancia del estudio del doctor Martin.
La conclusión a la que llegó Martin, tras años de leer y analizar todas las biografías, libros de memorias y testimonios que existen acerca de Hemingway, no parece muy novedosa –que padecía trastorno bipolar– pero lo es, porque su raíz, según expone en el ensayo, se ubica en un trauma que Hemingway sufrió en la infancia. Su madre lo vestía como niña y a veces lo llamaba con un apelativo femenino: Dutch Dolly. El padre, por su parte, elogiaba la conducta agresiva –fue él quien empezó a enseñarle a manejar armas de fuego desde los cuatro años– y se comportaba de manera violenta con sus hijos, algo muy confuso para un niño sensible, explica el doctor Martin.
Hemingway detestó siempre a su madre, y cuando su padre se suicidó de un tiro en la cabeza, en 1928, no dudó en señalarla como culpable. Solía referirse a ella como una “perra”.
La pérdida fue devastadora para Ernest, que desde joven había exhibido una conducta temeraria que, tras la muerte del padre, cobraría tintes de autoinmolación, lo mismo a través del alcoholismo que mediante la exposición a diversos peligros. Y sin embargo, hoy se sabe que muchos de los actos de valor que Hemingway presumía, no eran reales, o eran distorsiones de la realidad creadas por su fantasía.
Grosso modo, el estudio del Dr. Martin indica que Hemingway se halló enfrascado en una lucha consigo mismo a lo largo de su vida, cargado de temores y sentimientos de culpa que lo convirtieron en una persona profudamente insegura y autodestructiva. (“He pasado mucho tiempo matando animales y peces –le dijo a la actriz Ava Gardner– para no matarme a mí mismo.”) De manera que, mientras se esforzaba por crear a los personajes que pueblan sus cuentos y novelas, todos de carácter heroico, aun en la derrota, hacía un esfuerzo todavía mayor, inmenso, para convertirse en el personaje que anhelaba. Esfuerzo que lo condujo a la depresión crónica y, al final de su vida, a una psicosis incipiente, según el doctor Martin.
A la luz de todo lo que se sabe hoy, los últimos años de la vida de Hemingway son desconsoladores. Había perdido la capacidad de escribir y padecía arrebatos de paranoia cada vez más frecuentes.

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Si nuestros padres son la vara con la que nos medimos, vivir a la sombra de un padre suicida equivale a viajar por una carretera llena de baches en un camión cargado de nitroglicerina.
Como se sabe, Ernest no fue el único que se quitó la vida en su familia. También su hermano Leicester, 17 años menor, y escritor al igual que él, se dio un tiro en la cabeza, en septiembre de 1982. Y su nieta, la actriz Margaux Hemingway, se suicidó en la víspera del aniversario luctuoso de Ernest, el 1 de julio de 1996.
“Todo hombre anhela morir en su cama, reconciliado”, escribe William Carlos Williams al final de uno de sus más hermosos poemas: “Asfódelo”. Es evidente que no todo mundo puede lograrlo.

lunes, 13 de junio de 2011

Declaran el acceso a Internet como un derecho humano fundamental

El uso de Internet se está convirtiendo en una herramienta imprescindible para la libertad de expresión. Más que una posibilidad de comunicación se está convirtiendo en una necesidad debido al periodo de globalización que hoy se vive.

Tanto las revueltas en Oriente Medio hasta el movimiento '15-M' en Madrid quizá no habrían sido posibles sin la inestimable ayuda de Internet. La capacidad de difusión que otorga esta herramienta se está convirtiendo en una necesidad básica para gran parte de la población.

Para la ONU, Internet es una herramienta que favorece el crecimiento y el progreso de la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, debería ser un derecho universal de fácil disponibilidad para cualquier individuo y exhorta a los gobiernos a facilitar su acceso a todo el mundo.

"La única y cambiante naturaleza de Internet no sólo permite a los individuos ejercer su derecho de opinión y expresión, sino que también forma parte de sus derechos humanos y promueve el progreso de la sociedad en su conjunto", indicó el Relator Especial de la ONU, Frank La Rue, en un comunicado de prensa recogido por la CNN.

Según La Rue, los gobiernos "deben esforzarse" para hacer Internet "ampliamente disponible, accesible y costeable para todos". Asegurar el acceso universal Internet "debe ser una prioridad de todos los estados".

Por otro lado, la organización se ha mostrado contrariada por las medidas opresoras de algunos gobiernos que violan el acceso a Internet. Desde gobiernos occidentales como Francia con su ley Hadopi hasta países con dictaduras como modelo de poder, aplican hoy en día medidas restrictivas al acceso a Internet.

jueves, 9 de junio de 2011

Aquellos niños de junio - León Krauze.

Los últimos días de la semana pasada me llevaron de vuelta a Hermosillo, Sonora. Recordé los días que pasé en la capital sonorense cuando apenas había pasado un mes de la tragedia de la guardería ABC y la elección para gobernador estaba a punto de ocurrir. Pensé en la primera caminata que hice rumbo a la plaza Emiliana de Zubeldía aquella tarde de jueves y la primera crónica que hice para W Radio contemplando los naranjos alrededor del pequeño, improvisado y conmovedor altar hecho por los padres enlutados: un círculo hecho con los minúsculos zapatos que los muertos nunca habrían de usar de nuevo. Por un momento pude imaginar a los dueños de aquellas pequeñas alpargatas, de esas botitas ortopédicas o de los tenis del Hombre Araña, todavía calzándolos, todos aún tomados de las manos, entonando alguna canción, parados en un círculo celebrando ese sentido de comunión e inocente invulnerabilidad de la más temprana infancia. Pensé en mi propio hijo y luché —a veces infructuosamente— por mantener la compostura al aire.

En los siguientes días en Hermosillo, no pararon de sorprenderme dos factores. Primero, la asombrosa entereza de los padres. Apenas unas horas antes de la elección, la ciudad de Hermosillo se volcó con los dolientes en una marcha del silencio solo interrumpida, y lo recuerdo con profunda emoción, por algunos tambores fúnebres que llevaba un grupo de jóvenes y por el canto de uno de los niños muertos que su madre había grabado en un celular unos días antes de la tragedia y que ahora repetía una y otra y otra vez como lo que aquella voz era en realidad: el último vínculo con la energía vibrante de un niño que, a los tres años, apenas descubre el idioma, el canto, el gozo de la vida. Incluso en ese contexto de intenso dolor, los padres de los niños marchaban con la vista al frente, llevando alguna foto de sus hijos, rumbo al centro de la ciudad. Exigían justicia, claro. Pero antes que nada buscaban, creo, algún mínimo acto de contrición de alguno de los responsables de que una guardería se encontrara, sin las medidas correctas de seguridad, junto a una bodega llena de documentos que podían, como ocurrió, prender fuego en cualquier momento. Eso es lo que querían y lo que, en el fondo, siguen buscando. Y tienen razón.

Y digo que la tienen porque, incluso en aquellos primeros días después de la tragedia, tuve la impresión de que a toda la clase política sonorense no le importaba el dolor de los padres, sino las secuelas que ese dolor tendrían sobre el proceso electoral en el estado. Entre los políticos del PRI estatal, la discusión no era qué hacer para estar a la altura de la peor tragedia en la historia del sistema de salud pública en México, sino cómo evitar que el candidato del PAN, que había estado rezagado en las encuestas desde el principio, aprovechara la coyuntura para alcanzar al delfín de Eduardo Bours. En el PAN, las cosas no estaban mejor. Los panistas vieron una oportunidad política y trataron de aprovecharla. Nadie se preocupó, realmente, por la tragedia de proporciones bíblicas que había ocurrido ahí, a solo unas cuadras de sus “casas de campaña”. No me sorprendió que, el día de la elección, ninguno de los dos candidatos pidiera un minuto de silencio por los muertos o sugiriera un instante de reflexión. Todo aquello fue una de las muestras de indolencia política —qué va: de indolencia humana— que he tenido el disgusto de presenciar.

Los padres de la ABC aseguran que la indolencia no se ha ido del todo. Ninguna de las explicaciones oficiales ha conseguido paliar el dolor. Ninguna de las poquísimas disculpas ofrecidas a regañadientes. Quizá se deba a que ningún político realmente se ha tomado la molestia. Nadie, por ejemplo, sintió urgencia alguna por transformar el altar de los zapatos en un monumento a la memoria de los muertos. A dos años, los padres ya deberían tener un sitio al que ir a recordar, al que ir a llorar. Debería estar, ahora mismo, en Ferrocarril y Mecánicos, donde estuvo la guardería ABC. Pero nadie lo ha construido. Quizá están esperando a que se acerque otro proceso electoral y el botín político esté maduro, listo para la mano oportunista.