jueves, 8 de marzo de 2012

Un 9 para La Dama de Hierro.

Que forma tan magistral de presentar una biografía. En este caso fue la
de Margaret Thatcher. La película muestra la degradación cerebral que
presenta a sus años la ex Primera Ministra de la Gran Bretaña, lo que le
provoca lapsus de alucinaciones con su esposo ya fallecido. En estos
lapsus, como les digo, son las oportunidades que el director aprovecha
para ir contando su vida tan excepcional.
En 1959, era inimagible la presencia política de una mujer, y mucho menos
su triunfo, pero Thatcher lo logró. Ya en la cúspide, dirigiendo la Gran
Bretaña tuvo que luchar principalmente contra los sindicatos y contra
la invasión de Argentina.

Sin embargo el mote de Dama de Hierro, se lo ganó al mostrar entereza
y seguridad en la toma de desiciones de la época, pero se alejó
dramáticamente de sus hijos y no pudo desarrollarse adecuadamente en
su vida familiar.

Loable la actuación de Meryl Streep, que le mereció un Oscar como Mejor
Actriz en el evento Academy Awards realizado hace unos días.

La piel que habito: 10.

Antonio Banderas protagoniza a un exitoso Cirujano plástico. Tiene una hija
que presenta problemas de sociabilidad y la tiene en tratamiento para su
recuperación. Aceptablemente recuperada, acuden a una fiesta, donde es violada
por un muchacho drogado y hace que recaiga nuevamente en su crisis de
sociabilidad, esta vez llevándola al extremo: se suicida.
Banderas como venganza secuestra al muchacho violador durante seis años,
en los cuales lo fue transformando en mujer, iniciando con una operación
conocida como vaginoplastia (jocosamente conocida como operación jarocha).

El trabajo lo hizo tan perfecto que se enamoró de Vera Cruz, quien antes
se llamara Vicente. El desenlace fue terrible ya que Vicente (en cuerpo
de Vera) engañó a Banderas haciéndole creer que estaba enamorada(o) de el;
apenas tuvo una oportunidad lo mató -en venganza-, por haberlo convertido
en mujer.

lunes, 5 de marzo de 2012

Claro que existen.

Esos locos que enseñan. Yo los conozco. Los he visto muchas veces. Son raros. Algunos salen temprano por la mañana y están en el colegio una hora antes,otros salen del colegio una hora más tarde porque tienen entrevistas con los padres que trabajan y no pueden acudir a otra hora, otros recorren todos los días más de 50 Km de ida y otros tantos de vuelta. Llueva o truene llegan al trabajo. Están locos.

En verano les dan vacaciones, pero no se desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el semestre siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, siempre fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.

Yo los he visto, no están bien de la cabeza. Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recoger el dinero, en otras palabras, asumir responsabilidades extra.

Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa.

Son mujeres y hombres, casados, solteros,...de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.

Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza. Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero les han recortado el sueldo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que no los valoren, les critiquen e incluso les quiten autoridad, (a veces hasta les agreden), pero ellos siguen hacia adelante.

Están mal; por las tardes se quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse.

Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan.

Están mal de la cabeza, yo los he visto. Dicen de algunos que fueron muy importantes, que siempre tienen palabras de aliento; dicen sólo que son MAESTROS y que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Tan fuerte y tan cerca: 9

Como buena película, dejó lo mejor para el final. El desarrollo estuvo
un tanto confuso y algo lento, pero la historia està buenìsima.

Un niño que perdiò a su padre en las torres gemelas el 911, tan
acostumbrado estaba a el que su pèrdida le afectó bastante, ya que el,
entre otras cosas, le inculcó el deseo de investigación incansable.

En el closet de su padre encontró una llave muy rara, y se le volvió
una obsesión la búsqueda de que abre la llave. Esto lleva
al niño a visitar a mas de 400 personas apellidadas "black" ya que
eso decía el sobre donde encontrò la llave; al final,
efectivamente era de una caja de seguridad, pero no tenìa nada
que ver con el niño, ni con su padre, sino a una serie de fabulosas
casualidades que le vida presenta.

Tom Hanks bien, como siempre. Bullock, mejorando.

jueves, 23 de febrero de 2012

Viaje a la isla misteriosa: 6

Bueno... pues como es de esperarse... casi todas las películas que protagoniza Dwayne Jhonson son una reverenda tontería... una forma burda de representar la novela del gran Verne.

P.D. Preciosa morenita la Vanessa Hudgens.

viernes, 17 de febrero de 2012

En un mundo Mejor: 11 !

Anton, el protagonista, un médico con dos hijos pequeños y una esposa dolida por su infidelidad en el pasado reciente, realiza una especie de servicio a la comunidad en ghetto de África, donde es bien sabido existen guerras cíviles y religiosas desde hace mucho tiempo.

En ese lugar, uno de los violentos líderes requiere ser curado de una pierna gangrenada. Anton, ese fue uno de los momentos en que la ética de médico se impuso contra su concepto de justicia, sin embargo los enfermos y sus familiares que integran el ghetto, se lo reprocharon profundamente. Llega un momento en el desenlace, en que Anton permite -que no participa-, que los familiares afectados de matanzas y asesinatos hagan justicia por su propia mano.

Pero eso no es todo, esta película que mereció el premio como mejor película extranjera en 2011, al más puro estilo de Amores Perros, en forma paralela a lo que acabo de comentar arriba, el hijo de Anton sufría acoso escolar por gandallas mayores. Su hijo conoce a Crhistian, un compañero de su edad que acaba de perder por cancer au madre, y eso le provocaba terribles confusiones y actitudes violentas, tanto que al final terminan creando una bomba y la explotaron bajo una camioneta, arriesgando esos niños sus propias vidas.

En fin, una EXCELENTE película.

sábado, 11 de febrero de 2012

Mejor no saber - Chido - Rafael Pèrez Gay.

No sé cómo escribo. Mejor no saberlo, de verdad. Desperdicié un tiempo precioso en busca de atmósferas ridículas, con dispositivos e ingenios que el joven que fui consideraba importantes. Entendía por dispositivos tardes nubladas, luces indirectas, música triste, una pluma especial, un cuaderno traído de no sé qué ciudad prestigiosa. Tonterías. Perdí un libro, al menos, en esas ceremonias.

Rafa

Tardaba tanto en prepararme para escribir que a la hora del trabajo me había olvidado del asunto y había perdido el alma en los preparativos. Del cigarro, ni hablemos, una cajetilla dispuesta a un lado de la máquina. Allá en aquellos tiempos se llamaban Del Prado. Recuerdo el vejestorio, una Olympia blanca, un todoterreno que habría soportado el bombardeo sobre Dresde. Café. Tazas y tazas. Balzac no se habría dado por mal servido. Tomé tanto café que mi corazón se puso nervioso y una noche me despertó un escándalo, los latidos de mi corazón, una taquicardia de padre y señor nuestro. El doctor Román atendió mis miedos, me prescribió (prescribir significa algo así como antes de escribir) una pastilla que se llamaba Cardiosedín y ordenó la mitad de cafeína diaria. Era bueno el doctor Román. Yo creía que así se convertía uno en escritor, no tanto escribiendo como prescribiendo, en preparación para escribir.

Con la lectura me pasaba todo lo contrario. Quizás nunca volveré a leer con tanta furia como en aquellos años. Acostado en la cama, en el baño, en la cocina, en un sillón, de pie. Cuento esto porque desde entonces la lectura acompañará siempre al acto de escribir. Si traigo un cuento entre manos, la subtrama encierra lecturas. Una historia larga, ni se diga. Escribo en estos días una novela sobre la enfermedad y el dolor. Una de las tramas menores ocurre en la ciudad del año de 1900, más o menos. Para eso he tenido que leer una historia del Teatro Nacional y su destrucción. Una maravilla de época. No sé si servirán de algo esas páginas, pero sin esa lectura no estaré convencido de la trama menor. Y luego a la hemeroteca. Comparto con algunos amigos la locura de los periódicos viejos. Pensamos que contienen todas las verdades, aunque tal vez sólo oculten historias muertas. Esto me pone triste, como cuando se descompone una máquina del tiempo.

Considero un pecado imperdonable aburrir al lector. Estoy seguro de que si me aburro mientras escribo, aburriré a los demás. Nunca sobra un detector de tedio: leer y releer en voz alta y sin entonación. Si no me incita, a nadie le servirá. Pasa con el artículo de la prensa, con la pieza literaria, el cuento, el capítulo de una novela. Hace tiempo que dejó de preocuparme la frontera que separa a la literatura del periodismo, en caso de que exista. Escribo en una MacBook Pro. El desorden ha empezado a ganarme terreno en el estudio. Libros y libros. Nunca encuentro el que necesito; entonces lo compro, aunque sé que en alguna parte de los libreros se esconde. De muchos volúmenes tengo dos ejemplares. Aparecerá una hora después de que termine este texto. Me refiero a una pieza extraordinaria de Tomás Eloy Martínez sobre periodismo y literatura. He invocado a San Panus, santo de las cosas perdidas y nada. Caminé un rato repitiendo en mi cabeza: San Panus, que aparezca. Nada.

Una noche de junio de 1893, Manuel Gutiérrez Nájera y Carlos Díaz Dufóo inventaron el periodismo cultural mexicano mientras caminaban por la calle oscura de Escalerilla. El director del Partido Liberal les ofreció a los escritores la edición del periódico del día domingo. Así surgió el primer suplemento literario de México: Revista Azul, ni más ni menos. Cuento esta breve historia porque de allá vengo, de la prensa literaria. Así escribo, recordando otros tiempos. Empeño la memoria en algunos de los conocimientos históricos que aprendí en las hemerotecas.

He escrito mucho periodismo. No me arrepiento. Desde hace treinta y cinco años no ha pasado una semana sin que ponga un texto en la prensa. No exagero, sé de qué hablo. Así escribo, en una discreta tradición personal que transcurre con el paso de los años. A veces me escudo en algunas frases atribuidas a García Márquez: un cuento tiene que estar escrito con la fuerza inmediata de un reportaje; un reportaje, con la profundidad y dilación de un cuento. Cierro esta incitación diciendo que no sé cómo escribo y para eso traigo a este espacio esta intuición del escritor brasileño Rubem Fonseca: “Los recuerdos que preservamos desde la infancia y cargamos durante toda nuestra vida son tal vez nuestra mejor educación, dice Aliosha Karamazov. Y si sólo uno de esos buenos recuerdos permanece en nuestro corazón, tal vez se convierta, un día, en el instrumento de nuestra salvación”. Así escribo: en busca de alguno de esos recuerdos.