Me pareció muy buena, una buena actuación de Omar Chaparro. A los otros actores los sentí un poco flojos, como que dejaban que desear. Los actores de la celda estuvieron muy bien; los de fuera de la celda, no tanto.
Después de que salimos del cine en Cinépolis, Cheli me insistía en que ella ya conocía esa trama; yo no. Al llegar a casa la buscamos en Netflix y sí, ahí estaba la historia original: se llama La celda número 7. Es básicamente la misma historia, solo que regionalizada y tropicalizada para México, con cárceles más jodidas, compañeros más sádicos y más locos. Aun así, la película estuvo muy bien lograda.
La historia trata sobre un adulto con problemas mentales y físicos. En la versión mexicana, hay una niña llamada Alma, que tiene buen desempeño deportivo en correr, pero no tenía zapatos. Ella escoge unos blanquitos en una tienda, pero resulta que al mismo tiempo los estaba comprando otra persona: el militar más influyente del pueblo. Él le dice su nombre, pero obviamente no le hace caso; la empuja y la maltrata.
Luego la niña se lo lleva a un lugar, a una fábrica con segundos pisos, donde se rompe un fierro, ella cae y muere. A él le echan la culpa. Durante ese tiempo lo golpean brutalmente y le hacen de todo, acusándolo de haber matado a una niña.
Más adelante se dan cuenta de que él no pudo haber sido el culpable y empiezan a investigar. Incluso el propio director del penal se involucra para evitar que lo maten. Al final, sí es cierto que él queda libre, pero supuestamente lo matan; sin embargo, el capitán se da cuenta de la verdad cuando lo ve en su casa.
Durante su encierro muere su mamá, que era la abuelita de Alma. Hay muchas escenas que manejan la felicidad y la tristeza, con cambios clásicos diseñados para emocionar al espectador, y funcionan muy bien.
El giro final es que había un viejito que en realidad resultó ser el suegro del personaje de Omar Chaparro. Él estaba encarcelado por homicidio imprudencial, por haber matado a su hija cuando intentó sacarla de la casa con el muchacho que se había ido, que resultó ser el propio Omar Chaparro. Ahí se reencuentran y el viejito sacrifica su vida: se pone la capucha para que lo maten a él, simulando que era Omar Chaparro.
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